VIAJE A BERLÍN. Día 2: Campo de concentración de Sachsenhaussen.

En nuestro segundo día completo por tierras alemanas hemos madrugado un poco y nos hemos puesto en marcha para visitar Sachsenhaussen, campo de concentración nazi desde 1936 a 1945 y campo de concentración soviético asimismo desde el final de la 2º guerra mundial hasta 1950.


Dicho campo se encuentra a unos 30 kms. al norte de Berlín y hasta allá nos hemos trasladado en tren. Una vez allí, hemos recorrido a pie los dos kilómetros de trayecto que hay desde la estación de tren de Oranienburg hasta el mismo campo, camino que los más de 200.000 prisioneros de 18 nacionalidades distintas que allí estuvieron internados también tenían que hacer a pie escoltados por sus guardianes, hasta la misma entrada del campo, donde les recibía la ya célebre frase "El trabajo os hará libres".


Esto ha permitido que nuestras chicas y nuestros chicos se fueran preparando mentalmente para lo que iban a ver.


Hemos podido disfrutar de una visita guiada que nos ha permitido comprobar cómo era la vida en el campo de concentración. Nuestra guía nos ha acompañado, comenzando con una con una breve historia del campo, en la que hemos comprobado que éste fue el primer campo de concentración que se construyó, y que se hizo siguiendo las estrictas reglas que sus ideólogos diseñaron para ejercer un control total y extremo sobre los prisioneros.


Por eso el recinto del campo tiene forma triangular, para no dejar recovecos donde poder esconderse, y los barracones estaban dispuestos en forma semicircular, de modo que un solo hombre con una gran metralleta en la torre de control pudiera vigilarlo por completo sin obstáculo alguno.
Pero poco a poco el campo fue creciendo, así que tuvieron que crear nuevos barracones, por lo que decidieron crear un perímetro, llamado zona neutral, que de neutral no tenía nada. Un solo pie sobre ella, aunque fuera por un tropiezo, y los soldados tenían orden de disparar a matar.


No ha entrado mucho en detalles de las historias que llevaron consigo los prisioneros, pero sí que nos han dicho que al principio no eran los judíos quienes poblaban los barracones, sino los prisioneros políticos, principalmente socialistas y comunistas. También los testigos de Jehová fueron uno de sus blancos, ya que por motivos religiosos se negaban a hacer cualquier tipo de servicio militar, y eso era un problema para el régimen nazi. Y además de gitanos y homosexuales, uno de los grupos en los que cualquiera podría caer era el de los “antisociales” o “inadaptados”. Bastaba con escuchar música swing o blues, acudir a conciertos o estar desempleado para dar con los huesos en este campo. Y eso dejaba mucho margen para que los que tenían el poder acabaran con quienes quisieran.

Sachsenhaussen no era un campo de exterminio, sino de concentración. Así que la mayoría de las bajas se producían por las condiciones infrahumanas que allí se daban. Un descanso insuficiente, alimentación casi nula y muchas horas de trabajos forzados hacían que la mayoría no llegara a sobrevivir durante más de tres meses. Hemos podido comprobar cómo era uno de los barracones donde se llegaron a hacinar hasta 500 prisioneros, con una cama para cada tres y un retrete para cada cien. Una sola estufa nunca era suficiente para aguantar las temperaturas de hasta treinta grados bajo cero que allí se llegaron a dar.


Los nazis emplearon a los trabajadores de los campos de concentración para levantar la economía alemana, y algunos de los trabajos que allí hicieron fue trabajar para la fábrica de ladrillos y de armas, construir las que luego serían sus propias celdas, o incluso acudir a Berlín a desactivar las bombas que habían caído y no habían explotado, una labor con un peligro evidente.
Y finalmente llegaron los judíos al campo de Sachsenhaussen. Doce mil personas se sumaron a los habitantes del lugar, cuando había sido diseñado para albergar unas diez mil como máximo. Esto hizo que las condiciones de vida se volvieran más penosas, y las bajas más frecuentes. Así que convirtieron el campo en un lugar para experimentar métodos de exterminio que más tarde se llevarían a otros campos.


Tras una orden de Hitler, 10.000 soldados soviéticos apresados en el frente llegaron con la orden de ser ejecutados. Y lo hicieron en tan solo diez semanas. Mil por semana. Y para evitar que los soldados tuvieran pesadillas, cuando les visitaban las caras de los que habían asesinado durante el día, idearon un método que en lugar de proteger a las víctimas protegía a los verdugos. No vamos a entrar en mucho detalle, pero resultaba realmente espeluznante.


Nuestro objetivo con esta visita ha sido muy claro: conocer nuestra historia para evitar repetirla. A toro pasado todos nos llevamos las manos a la cabeza, pero en aquel tiempo la población consentía todas estas prácticas, bajo la promesa de crear la nación más poderosa del mundo. Por eso es tan necesario para nuestros alumnos entender que cuando dejamos que el odio nos guíe, somos capaces de convertirnos en auténticos monstruos. Y eso es algo que debemos evitar con la educación y el ejemplo a nuestros chavales. Por eso estamos aquí. Y creemos que hemos dado algún que otro pasito en esa dirección.


A la hora de comer estábamos de nuevo de vuelta en el centro de Berlín y el grupo ha disfrutado de tiempo libre para realizar algunas compras. Les hemos vuelto a sugerir que no sigan una dieta monográfica, y que arriesguen un poquito. Parece que, por una vez, aunque esperamos que sirva de precedente, la mayoría ha seguido nuestro consejo.
Junto a la iglesia Kaiser Wilhem hemos encontrado el memorial que recuerda a las personas fallecidas en el atentado que sufrió Berlin el pasado mes de diciembre. Aunque pasan los días, el pueblo alemán no olvida ese ataque contra su libertad.


No podía terminar una tarde de tanta insistencia culinaria sin una visita al variopinto barrio berlinés de Prenlauer Berg, un auténtico hervidero de experiencias gastronómicas multiculturales en uno de los barrios más jóvenes de Europa. Nuestros chicos lo han aprovechado muy bien.

Y de vuelta al albergue, parece que se van animando a pasar por la cafetería. Hoy ha tocado torneo de futbolín. El resultado es lo de menos, lo bueno es que el ambiente del grupo es genial, y eso favorece que todo vaya de maravilla.

Mañana toca día intenso: memorial del muro, palacio de las lágrimas, Neues Museum (tras un cambio en el plan inicial, para ajustar mejor los tiempos) y museo de la DDR, para terminar relajándonos en Alexanderplatz.

Hasta mañana!
 

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