VIAJE A BERLÍN. Día 1: Resistencia, topografía y búnkers

¡Nuestro primer día por Berlín! Hemos comenzado nuestro día con un abundante desayuno. Descubriendo el jamón ahumado, que no curado, hemos cogido fuerzas para el día, sabíamos que nos iba a hacer falta.
Hemos comenzado la mañana con una visita al Memorial de la Resistencia alemana. Aunque ha sido en inglés, los guías han estado magníficos, y los chavales han disfrutado mucho de esta visita.


En ella, nos han contado cómo actuaron las personas que estaban en contra del régimen, desde la clandestinidad, y sin poder hacerlo de forma organizada, ya que su mayor miedo no era que les pillara la policía o los miembros de la Gestapo, sino que les denunciara su vecino, su amigo, alguien que pasara por allí.


Nos han explicado con detalle la acción de Otto Weidt, cuyo taller visitarán el viernes aquellos alumnos que nos acompañen durante el tiempo libre. Una persona que salvaguardó, a base de sobornos, a 40 personas, que no solamente eran judíos, sino que además eran ciegos.
La Rosa Blanca de Munich intentó abrir los ojos de aquellos que querían mirar hacia otro lado, pero de nuevo una traición de sus allegados los llevó a ser apresados, juzgados y ejecutados en menos de 24 horas.


Por último, hemos presenciado una comparación entre las dos personas que estuvieron a punto de asesinar a Hitler en sendos atentados: un militar de alto rango, frente a un carpintero; un hombre de una familia de la nobleza frente a un hijo bastardo que vivía en la pobreza; uno que lo intentó en 1944, cuando la mayor parte del mal ya se había hecho, frente a otro que lo intentó en 1938, y que pudo haber salvado millones de vidas. Una historia de cómo alguien sencillo estuvo a punto de conseguir lo que nadie de los poderosos siquiera se atrevió a pensar.
Los guías han hecho mucho hincapié en cómo la población, que era plenamente consciente de lo que estaba ocurriendo, se tapaba los ojos, o negaba saber nada, ya que el miedo que sentían les hacía negar la evidencia. La verdad es que es una visita que nos ha removido mucho por dentro.
Hemos continuado con la visita a la "Topografía del terror". Allí, nuestros guías nos han explicado cómo un tal Adolf Hitler consiguió llegar al poder, e ir ganándose poco a poco a un pueblo alemán necesitado de un líder, hasta convencerles de que había que acabar con los enemigos de la raza aria: los judíos, comunistas, discapacitados, etc...


Los chavales han estado bastante pegados, en parte porque si no, es difícil seguir una guía en inglés, y en parte porque la historia de esta ciudad atrapa. Durante una hora, los guías han dado vida a una exposición llena de paneles que esconden uno de los episodios más negros de nuestra reciente historia.
Especialmente significativo ha sido el análisis de una fotografía, que podría haber pasado como una más, y en la que nos hemos detenido durante casi 15 minutos. El guía, a base de preguntar a los chavales, les ha hecho sacar muchísimo jugo a la instantánea, que mostraba una ejecución pública.


De nuevo, en cada parada nos han hecho preguntarnos cosas sobre lo que aquí ocurrió no hace tantos años, y que es uno de los episodios más negros de nuestra historia.


Tiempo para comer. Hemos ido al norte, a Gessundbrunnen, para reponer fuerzas antes de la visita más impactante del día: los refugios antiaéreos de Berlín.
Aunque no podamos enseñar las fotos porque a lo largo del recorrido no se pueden tomar fotografías, queremos transmitiros lo que hemos experimentado en esta antigua zona de recreo de los trabajadores del ferrocarril alemán. Hitler mandó construir varios refugios antiaéreos después de que la primera bomba cayera sobre Berlín en 1941. Nos han explicado cómo estos refugios fueron utilizados especialmente por mujeres, ya que los hombres habían sido enviados al frente.


Hemos podido conocer el kit antiaéreo de obligada compra para todos los alemanes que ideó el gobierno nazi, con las velas del pueblo, la máscara antigás del pueblo, la pala del pueblo, etc... Una creación con doble propósito, ya que además de hacer creer a la población que así podrían sentirse seguros, también sirvió para financiar la campaña militar de la Segunda Guerra Mundial. Incluso hemos visto algunos de los juegos de mesa que Goebbels y su ministerio de la propaganda crearon para hacer que los niños vieran la guerra como un juego desde pequeñitos. Esto incluye una especie de juego de la oca, que comenzaba con el sonido de la primera alarma antiaérea, y en el que, tras caer la bomba en la casa, y venir los bomberos a apagar el fuego, terminaba volviendo a la total normalidad como si nada hubiera pasado, gracias al refugio antiaéreo que los ciudadanos debían construir en sus casas.


Nos han explicado que para Hitler era muy importante la natalidad como forma de mantener la raza aria, por lo que se condecoraba con la Medalla de Plata a las madres que tenían cuatro o más hijos y con la Medalla de Oro a los que las que tenían ocho.


Una de las cosas que más ha sorprendido a nuestros alumnos ha sido la pintura que utilizaban para las salas especiales del búnker, ya que en caso de apagón de luz conseguían mantener iluminada la habitación durante una hora y media, ya que reflejaban la luz recibida previamente.


Especialmente duro ha sido comprobar el uso que se daba a las anteriormente citadas velas del pueblo. Cuando había muchas personas en una misma sala del refugio corrían el peligro de quedarse sin oxígeno, por eso colocaban una vela en el suelo para saber que, si se apagaba, era señal de que a la altura de las rodillas ya no había oxígeno. La segunda vela se colocaba sobre las rodillas, de modo que, si se apagaba, inmediatamente todo el mundo debía colocarse de pie, mientras que si se apagaba la tercera vela, que estaba a la altura de las cabezas de los refugiados, éstos debían abandonar inmediatamente el búnker y salir a cielo abierto, aunque hubiera bombardeos en ese mismo instante.


Nos han contado cómo, dado que el suelo de Berlín es muy pantanoso, muchas bombas cayeron y no explotaron, al no chocar con suelo firme para activar la detonación. Al realizar nuevas construcciones en la ciudad, algunas de esas bombas han aflorado, incluso una de ellas explotó al chocar con la pala de una excavadora. Desde entonces en Berlín hay un cuerpo especial de la policía que extrae, en la actualidad, entre 20 y 60 toneladas de bombas al año.


También hemos podido conocer cómo quedó la superficie de Berlín tras la guerra y cómo muchas de las colinas que actualmente existen alrededor de la ciudad, están en realidad formadas de escombros, que posteriormente se vieron forzadas a evacuar hacia las afueras las mujeres que quedaron con vida tras la guerra.


En la sección de reliquias, hemos visto algunos de los objetos que se han recogido de soldados combatientes en la Segunda Guerra Mundial. Especialmente destacado era un casco de la Primera Guerra Mundial que pertenecía a un hombre que, a pesar de haber combatido años atrás, y tener una muy avanzada edad, fue reclutado y obligado a salir de nuevo a la calle. Y es que durante los últimos días de la guerra, tanto a niños como a ancianos se les entregó un arma y se les mandó al combate. En este caso, uno de los niños que no sabía manejar el arma, disparó accidentalmente, atravesando el casco del anciano. La propia familia ha donado el casco al museo para que no se olvide su historia.


Una de las últimas cosas que hemos visto ha sido uno de los archivos en los que figuraban las horas de trabajos forzados que habían realizado algunos de los presos de los campos de concentración para empresas alemanas. En este caso se trataba de la actual Alcatel. Gracias a estos archivos los trabajadores pudieron reclamar una indemnización por todos los años de trabajo forzado.
Por último, hemos descubierto el sistema de correo en neumático que se empezó a utilizar desde 1820. Estos sistemas que hoy encontramos en varios supermercados de nuestro país, fueron la antesala del correo instantáneo, y llegaron a construirse de grandes redes por todo el país. Os dejamos una foto en la única sala en que se podían tomar fotografías.


Para terminar, tiempo libre para cenar en Potsdamer Platz, donde el Sony Center ha hecho las delicias de nuestros alumnos. Una de las arquitecturas más vanguardistas de Europa, para poner el broche idóneo para nuestros alumnos.


El día de mañana tiene un nombre propio: Sachsenhaussen. El campo de concentración protagonzará la mañana, en una visita que seguro que no deja indiferentes a nuestros chavales. ¡Mañana seguimos con la crónica!
 

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