ERASMUS+ EN BULGARIA: DÍA 5

¡Hola de nuevo!
Hoy hemos comenzado subiéndonos al bus, para acudir al Monasterio de Batchkovo. Una maravilla en medio de la naturaleza, con una riqueza artística impresionante.
Hemos comenzado la visita turística en la iglesia, con sus paredes pintadas como siempre en la religión ortodoxa, pero con una iconografía impresionante. Nos han explicado cómo estas iglesias siempre tienen una cúpula en el centro, que representa a Dios en el cielo, y que reposa sobre la cruz de la nave, pero no una cruz latina, sino una en la que todos los brazos tienen el mismo tamaño. Hemos podido ver los frescos de las bóvedas que representaban pasajes de la vida de Jesús, y también de su resurrección.

Allí se encontraban dos tumbas de dos patriarcas de la iglesia ortodoxa búlgara con una bonita historia. En la Segunda Guerra Mundial, a pesar de haberse declarado neutral, Bulgaria terminó apoyando al ejército alemán. Entonces los nazis exigieron a los búlgaros que entregaran a toda la población judía para llevarlas a los campos de concentración. La iglesia ortodoxa, que sabía lo que les ocurriría si eran entregados, lideró una protesta a la que se unión gran parte de la población búlgara, que se manifestó fuertemente en las calles para impedir que fueran deportados. Y lo consiguieron. Por eso todavía hoy muchos judíos se acercan a este lugar para mostrar su respeto a los dos patriarcas que lideraron la iglesia en aquella época. Porque gracias a su rebelión se salvaron 50.000 vidas.

La entrada de la iglesia también era muy especial, ya que la pintura estaba recién restaurada. La religión ortodoxa tiene una fuerte tradición que consiste en poner velas para rezar por los vivos y también por los muertos, por lo que se pueden ver siempre cientos de velas que se prenden como ofrenda. Así, siempre se encuentra una gran cantidad de humo de la combustión, que termina ennegreciendo las paredes pintadas. Aquí hemos podido observarla tal cual se pintó, y la vista era maravillosa.

A continuación hemos ido al refectorio, donde comían los monjes. Éste es siempre un sitio especial en todos los monasterios, y el de Batchkovo no era una excepción. Con un techo riquísimo con pinturas que recuerdan pasajes de la Virgen María o de Jesús, terminaba con una imagen impactante del juicio final, con el cielo y el infierno, ya que en la religión ortodoxa nunca ha existido el purgatorio.

Y finalmente el batisterio, donde se realiza el sacramento de iniciación. De nuevo el juicio final, pero esta vez con una característica especial. Junto al río de sangre que llevaba al infierno aparecían los mercaderes de la época, que eran especialmente castigados por practicar la usura. Y junto a ellos, sus esposas, a las que llamaban “coquetas”, demasiado preocupadas por su aspecto exterior.


Y aquí ha terminado la visita a un monasterio que nos ha sorprendido por su belleza y su estado de conservación.

De nuevo autobús hacia Plovdiv, la ciudad más turística de Bulgaria. Allí hemos disfrutado de un rato de tiempo libre para comer, y para dar un paseo (o incluso patinar sobre hielo al aire libre) por el centro de su casco antiguo. Y tan antiguo, éste es uno de los primeros asentamientos de Europa. De hecho, ha tenido 14 nombres hasta terminar llamándose Plovdiv.


Hemos comenzado en una de las casas que recibía a los visitantes. Justo a los pies de la muralla, una construcción del siglo XIX, el “renacimiento” búlgaro, nos mostraba cómo en aquella época se pagaba por la altura que tenía el piso bajo, por lo que las alturas de las plantas superiores eran realmente grandes. Incluso tenían una especie de “respiraderos” a los que llamaban las ventanas del cotilleo, y desde donde controlaban todo lo que entraba y salía de la ciudad sin ser vistos.



Y así llegábamos a uno de los puntos altos de la ciudad. De hecho, le llaman la ciudad de las 7 colinas, ya que está rodeada de ellas (aunque una desapareció en una de las guerras, y ahora hay un centro comercial en su lugar). Hemos tenido que aguantar una lluvia molesta, pero hemos aguantado.

Una de las cosas que nos ha sorprendido es la cantidad de gatos que había en la ciudad. Eso sí, muy habituados a recibir turistas, ya que venían a buscarnos para robar alguna caricia.


Y retrocedimos dos mil años en el tiempo, para llegar a las ruinas del teatro romano. Su impresionante tamaño hace difícil creer que se encontraran debajo de los cimientos de una casa. El gobierno lo tuvo claro, y pagó una casa a la familia en el centro de la ciudad para desenterrar esta maravilla que se conserva a un gran nivel.

Plovdiv fue una ciudad de gran importancia en la época de influencia de Roma, y por eso también se encontró soterrado un estadio olímpico (bueno, de la imitación a los juegos griegos que hicieron los romanos). Aquí se disputaban las míticas carreras de cuadrigas. Pero esta vez no se ha podido desenterrar, y solamente quedan a la vista la zona final, donde giraban los carros. Y es que sobre estas ruinas se construyeron edificios que hoy son patrimonio artístico, y no se pueden derruir. Así que hoy podemos entrar en un H&M construido sobre los restos del estadio romano.

Eso sí, esa calle es especial. Es la calle peatonal más grande de Europa. Más de dos kilómetros sin que cruce ni un solo coche. Incluyendo un puente gigantesco sobre el río de la ciudad.
Y llegado este punto, autobús y vuelta a casa. Las leyes búlgaras no permiten que los menores de edad estén fuera de su ciudad después de la puesta de sol, ni siquiera si están con sus profesores. Así que justo pasadas las cinco de la tarde hemos llegado de vuelta al centro de Pazardzhik.
Un día para compartir momentos, ratos, y donde se nota el efecto de la fiesta de ayer.
Mañana nos pondremos de nuevo manos a la obra, y continuaremos el trabajo del proyecto. ¡Hasta entonces!