Erasmus+. Día 8: Fin de nuestro viaje

 Punto y final a nuestro viaje por Francia. Hoy hemos terminado, ya sin los demás compañeros, visitando este pedacito de tierra alsaciana.

Nuestra primera parada ha sido la Catedral de Estrasburgo. Impresionante por fuera, no tanto por dentro, hemos dado un breve paseo, pero sin poder ver el funcionamiento del famoso reloj astronómico, que solamente hace pase a medio día.

Así que hemos salido para una última panorámica de día, y después hemos subido a las torres de la catedral. Trescientos sesenta y seis escalones para poder disfrutar de una vista increíble de la ciudad y los alrededores. Incluso se veía el Parlamento Europeo, donde estuvimos ayer.

Y como resulta que en Estrasburgo hay muchas tiendas de esas que les vuelven locos, y teníamos tiempo, hemos dejado una media hora larga para hacer las últimas compras de rigor. Camino de la estación, hemos hecho una última parada en la Iglesia de Saint Père Vieux. Una de las más curiosas, ya que son dos iglesias anexas, una católica y la otra protestante.
Nuestra siguiente parada era el pueblo de Colmar, una joya escondida, a la que llaman la pequeña Venecia (sí, una de tantas…). Después de un rato de tiempo libre para comer, donde los alumnos han descansado un poco de las comidas típicas francesas, hemos comenzado a caminar por las estrechas y sorprendentes calles, llenas de casas con fachadas preciosas. Hemos ido recorriéndolas,

disfrutando de un día sin una sola nube en el cielo, y la verdad que ha sido un rato muy agradable.
Finalmente, y aunque íbamos justos de tiempo, nos hemos dado un paseíto en barca por la parte más navegable de los canales. Nada de grandes barcos, o motores de combustión. Una barquita de madera, en la que justo cabíamos los diez, y con motor eléctrico, nos ha ido llevando por una de las zonas con más encanto de esta bella ciudad.


Tocaba tren de vuelta a Estrasburgo, pero en esta ocasión, los chavales no sabían lo que les esperaba. Les habíamos dicho que íbamos a visitar un pueblo con muchos canales también, que había al norte de la ciudad. Nos miraban un poco extrañados, porque la verdad que ya era tarde. Cuando les hemos dicho que era una visita en inglés, lo cierto es que no han protestado, pero su mirada lo decía todo. No les gustaba la idea ni un poco. Y cuando hemos comenzado a caminar por un polígono industrial, en medio de la nada, se les ha puesto una risa nerviosa que denotaba que algo no les cuadraba. Ha sido cuando de repente hemos girado, y les hemos dirigido hacia el pabellón de un láser tag (juego de pistolas láser).

El sábado varios de los alumnos estuvieron jugando, y estuvimos bromeando un buen rato con ellos sobre el tema. Lo habían planteado alguna vez durante estos días, pero no se imaginaban que el plan llevaba montado desde el domingo. Así que allí hemos jugado un par de partidas con ellos, y no sólo nos lo hemos pasado como los enanos, sino que además nuestros alumnos han aprendido una lección vital: nunca retes a tus profesores. Ni aunque sea un siete contra tres…
Nuestro día ha terminado con una cena en familia, con las famosas tortas flameadas, para cerrar el viaje.  Un momento genial, como todos los que hemos vivido en el viaje, y que ha servido para terminar de comprobar que el grupo de alumnos que ha participado en el encuentro es un grupo maravilloso.


Ha sido una gozada compartir con ellos estos días, y comprobar que todos los valores que intentamos transmitir a nuestros alumnos, van dando fruto con el tiempo. Su implicación, esfuerzo, simpatía, cercanía, naturalidad… han hecho que este encuentro haya superado con creces nuestras expectativas, y las suyas.
Mañana regresamos, y llegaremos a las 19.15 a la estación de autobuses. ¡Hasta entonces!

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